
¿Quién lo sabe?

Yo , yo , yo , yo….
La semana pasada me invitaron a clase de mi hija mayor. En «cono» están estudiando los alimentos, así que allá me fui a hablarles de la pirámide alimentaria, los microorganismos (los buenos y los malos malísimos), el agua, las etiquetas de los alimentos, qué significa ser intolerante a un alimento, etc.
Fueron un público muy atento y participativo, alguna se pasó el rato con la mano levantada queriendo contestar a todo.
Con 6 años ya están más que preparados para entender algo tan misterioso como que las bacterias no se ven, pero estar, están. Y están vivas en los yogures y en nuestra saliva. Aprendimos que algunas son «buenas», incluso muy necesarias, pero que otras son peligrosas y que por eso hay que lavarse bien las manos si vamos a ayudar a hacer la comida o a poner la mesa.

Moho en gajo de mandarina tocado con las manos muy sucias
Vimos unos bonitos mohos que Marina y yo cultivamos sobre unos gajos de mandarina metidos en una bolsa de congelar (con un algodoncito húmedo, que los bichos necesitan agua). Aprendimos que los microorganismos se «duermen» con el frío y por eso nos duran más las mandarinas si las metemos en la nevera.
Ellos y ellas serán los cocinillas y las grandes chefs del futuro, no está de más que empiecen sabiendo ya el porqué de las cosas dentro de una cocina.
Gracias a los tutores de las dos clases, Beatriz y Tomás ( y al profe de prácticas), sin su interés estas actividades no serían posibles.
Fotos cedidas por el colegio.
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