Hace unos meses participé en un Carnaval de Nutrición con un post sobre la Educación en Salud Alimentaria. Hoy quiero invitaros a comer y de paso, seguir hablando de esto un poco más: educación alimentaria, empoderamiento culinario, consumo con criterio (propio)

Como comentábamos en aquel post, ahora mismo vemos en el panorama de la alimentación una homogeneidad en cuanto a gustos y costumbres. El ritmo de vida muchas veces nos impide dedicarle a la comida el tiempo necesario de planficación, compra, elaboración y….disfrute. Esto implica, como decíamos, que muchos niños crecen sin ver cocinar a nadie, sin echar una mano revolviendo con el cucharón, etc. Y es una pena. Es una pena pero no solo por que se pierden ese momento de robar una torrija mientras la abuela se da la vuelta (como recuerdo ese momento la última vez que mi abuela hizo torrijas… yo era una niña deee..de 30 años..ainss). Es una pena porque esos niños serán adultos sin bagaje alimentario, culinario o como lo quieras llamar. Y esto tiene implicaciones muy importantes.

Educación alimentaria

Así para empezar van a ser adultos dependientes. O alguien les hace la comida o esa falta de conocimientos les va a llevar a ser la diana perfecta para el marketin de la industria alimentaria. De esa industria que nos vende lo que quiere aprovechando que no tenemos armas (criterio) para decidir. Miles de productos para elegir, con sellos de garantía, de calidad, de denominación de origen, bio, eco, sin porquerías, sin químicos (!), sin GMO, sin con, con sin….socorrooo…como no tengo ni idea, me compro un libro..coño, Dukan, a ver donde está la avena….y tal y tal…

Todas las industrias nos quieren vender su producto (igual que yo, no os penséis). Es lógico, viven de eso y así tiene que ser. Utilizan todos los medios a su alcance para que elijamos lo suyo y no lo del otro. Eso no convierte a cada producto en algo “malo”, ni a la industria siquiera. Ellos venden, tú compras. El poder, en realidad lo tenemos nosotros…si yo no compro, tu ganas menos. Elegir un alimento en vez de otro hace mover muchos hilos, es un acto de soberanía si se hace de forma consciente (sea cual sea el producto, esto es muy importante señalarlo) y si no, te has convertido en un caso de exito en las medidas de conversión de la publicidad de esa empresa. Yo veo una clara diferencia entre elegir ir a macburger de vez en cuando a que se convierta en el recurso fácil de forma habitual. Yo voy de pascuas a ramos, con mi familia, y me mola, claro…y no pasa nada. No “semos” talibanes de (casi) nada. De niña iba una vez al año al Burger King, cuando mis padres nos llevaban a Madrid. Sí, amigos, cuando yo era pequeña en León no había hamburgueserías…se me caían los lagrimones del gusto..

Yo creo que aquí en España, aún no se ha llegado a ese punto de alimentarnos con lo que sea en vez de comer. Comeremos mejor o peor, pero aún nos molestamos en ir a comprar y demás labores. Pero me preocupa lo que pasará cuando los enanos de ahora sean mayores, sean consumidores. Ellos ya han nacido con toda esa amplísima oferta que no encontramos en los super (es una aventura ir a buscar los yogures naturales sin azúcar), sitios de comida rápida por todas partes y papá y mamá más liados que la pata de un romano. Comida en el cole y cena rápida que no nos da la vida a estas horas. ¿Quién proporciona esa educación alimentaria? ¿Quién fomenta esos deseables buenos hábitos y enseña a comprar y cocinar?

Exacto….nadie.

Educación alimentaria…

Imaginemos que sí que lo hacemos. Los pocos ratos que podemos pasar en la cocina con nuestros hijos les vamos enseñando cositas, empezando por hacerse el colacao y siguiendo con ensaladas, cortar las salchichas, batir un huevo, remover aquí, recoger allá…Les enseñamos a colocar las cosas en la nevera, a no meter los dedazos sucios en un paquete de jamón york, les enseñamos una naranja mohosa y a no desperdiciar los alimentos. Vamos con ellos a comprar, al super y al mercado, a pedir los productos, a pagar y dar las gracias, si. En definitiva, les enseñamos a consumir con criterio, a elegir lo que necesitamos y no lo que nos quieren vender, a relacionarse con el entorno en el que viven, a conocer productos típicos de aquí y de allí. 

Lo que estaría muy bien que aprovechásemos de esta globalización imperante es la oportunidad de conocer productos y platos típicos de otros países. pizza, cuscús, fajitas…se me hace la boca agua.

Saber cocinar, conocer los productos y sus elaboraciones les va a permitir decidir qué, cuánto y a quién le compran. Elegir con buen criterio nos convierte en ciudadanos empoderados y no en consumidores pasivos. Y esto se aprende desde pequeños, como todo. La educación alimentaria es básica. 

…y nutricional

Las elecciones que hacemos se basan en nuestros gustos, pero hay dos subgrupos en esa elección: elecciones en función del precio y en función de los sano que nos parezca el alimento. En los mensajes que nos manda la industria podemos ver a cual de las dos va dirigida la publicidad de un producto… ¡compra este, es biosano!..¡compra este, precio sin igual!

Podemos enseñar a los niños a comer sano, sin etiquetas que encarezcan el producto, sin meter miedo pero con firmeza, proponiendo alternativas si algo no les gusta…Fomentando el gusto por comer, no solo la alimentación.

Sobre esto me extenderé otro día, seguro.

Os invitamos: hoy, lasaña.

Y, ya que habéis llegado hasta aquí, hoy os invitamos a cenar….Esto es parte de un trabajillo para el cole. Les pedían que llevasen una especie de manual de como se hace algo, lo que sea. Que el abuelo hace sillas, pues lo explicas, que tu madre hace tal, pues nos lo enseñas.

Y Marina ha cocinado su plato favorito. Esperamos que os guste.;-)

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Me encantaría leer vuestras opiniones sobre esto. Si tenéis niños ¿les enseñáis?..

¡Gracias!

 

Patricia

 

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Patricia García Berruguete

Consultora en higiene alimentaria y formadora de manipuladores de alimentos. ¿Que por qué hay que formarse? Porque conseguir unas correctas prácticas de higiene no depende únicamente del sentido común.